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Y entonces, como si quisiera hacerle burla, ve el delantal de Sylvie colgado del asa de la puerta de la nevera, nunca hubo delantal más hermoso, tiene estampadas unas recetas estupendas, unos platitos hechos con mucho mimo con los que ella lo agasajaba. Ella sonreía. Ocúpate primero de las que tienes entre manos, parecía decir. François se juró que, cuando fuese mayor, se levantaría siempre el primero para estar en plena forma antes que sus hijos y revisarles las lecciones mientras se nutrían. François desenvainó una pistola. François cambió de canal y le salió un informativo. Miró cómo flotaba el cuervo, convertido en hoja seca, para desaparecer luego. Entró corriendo para enseñarle cómo había conjugado los verbos del tercer grupo y se encontró con un hombre desconocido junto a mamá; el desconocido roncaba y aplastaba a mamá con un brazo peludo, ocupaba las tres cuartas partes de la estrecha cama.

Sylvie acariciando las largas pestañas de Martin al tiempo que se le enrosca en la cintura. A Edison no le dio mucho tiempo que digamos para lamentarlo: el hematoma le disparó una salva de dolor inhumano (se había rociado con agua de Colonia para atenuar el aroma del amor y el alcohol acababa de llegarle a la herida). El impulso de los muelles le hace arrancar, va camino del trabajo, no le pagan para andar perdiendo el tiempo de perfumería en perfumería. Se sabía el camino. Por un momento, temió encontrarse con que era un asesino, un sonámbulo maniático que había degollado a la secretaria mientras la razón yacía en el embrutecimiento del éxtasis. En este momento, vale muchísimo más que una situación de asalariado. No, es un hombre que va empujando una sillita.

ABSURDO. Una preocupación ebenácea. Estelle es la libertad del investigador, se decía Edison mientras dejaba abierta una inmensa bolsa de basura en medio del apartamento. Mientras Edison dormía, ha debido de pasearse entre los microscopios mirando con enternecidos ojos al chiquillo al que acababa de desvirgar; y luego se habrá ido, dejando atrás sus cosas en una suerte de ritual de renovación. Al oír el ruido, raplaplá, se dio cuenta de que ya tocaba cambiar las pilas. Cuenta con tratamiento de aloe vera para que las personas de piel sensible puedan usarlo con y sin funda y tecnología Ecolofil Feather Touch que imita el tacto de la pluma natural y tiene una gran capacidad de recuperación. En algún lugar de la espuma de esta ciudad se encuentra la librería gigantesca en que lo están esperando para una sesión de firma de libros. Vamos, si es que nunca había pensado tanto en su mujer, es como si rompiera una ola.

La idea lo enardeció tanto como una pila nueva. Un tanto sonado, Urbain, sale de la perfumería. Cerca de la oficina, sabe que hay una perfumería. Urbain lanza la mirada hacia el andén igual que dispara uno en los videojuegos, textura fundas nordicas estudia todas y cada una de las sombras humanas. Se han ido las dos de rebajas, mamá y Sylvie, ennubes.com a unas de esas rebajas a las que van las mujeres. Martin se lanza en picado debajo de la mesa: Auricular bonito, tienes que funcionar, auricular querido, polla mía, tesoro mío, perdóname, dame línea, por favor, lo necesito. El empleado Martin se niega a dejar que se adueñe de él. Nadie contestó, mamá seguía durmiendo, muy propio de ella, siempre había dicho pestes del catecismo en horario de mañana, el catecismo, pues qué bien, decía, encima que te tengo que llevar al colegido todos los días, y de propina el catecismo.

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